domingo, 11 de mayo de 2014

Mascaras Mexicanas

El ideal de la hombría consiste en no ''rajarse'' nunca. El mexicano puede doblarse, humillarse, ''agacharse'' pero no ''rajarse'', esto es, permitir que el mundo interior penetre en su intimidad.
El ''rajado'' es de poco fiar, un traidor o un hombre de dudosa fidelidad, que cuenta los secretos y es incapaz de afrontar los peligros como se debe.

Nuestras relaciones con los otros hombres, también están teñidas de recelo. Cada vez que el mexicano se confía a un amigo o a un conocido, cada vez que se ''abre'', abdica. Y teme que el desprecio del confidente siga a su entrega. Por eso la confidencia deshonra y es tan peligrosa para el que la hace como para el que la escucha; no nos ahogamos en la fuente que nos refleja , como Narciso, sino que la cegamos.

La distancia entre hombre y hombre creadora del mutuo respeto y la mutua seguridad, ha desaparecido.
Todas esas expresiones  revelan que el mexicano considera la vida como lucha, concepción que no lo distingue del resto de los hombres modernos.

El ''macho'' es un ser hermético, encerrado en si mismo, capaz de guardarse y guardar lo que se le confía. Y en la de todos los días el mexicano es un hombre que se esfuerza por ser formal y que muy fácilmente se convierte en formulista.

El hombre, nos dice el mexicano, es un compuesto y el mal y el bien se mezclan sutilmente en su alma.

Como casi todos los pueblos, los mexicanos consideran a la mujer como un instrumento, ya de los deseos del hombre, ya de los fines que le asignan la ley, la sociedad o la moral. En otros países se adula y respeta a la gran señora. Para los mexicanos la mujer es un ser obscuro, secreto y pasivo.

Analogía: la mujer no busca, atrae.
La mujer mexicana, como todas las otras es un símbolo que representa la estabilidad y continuidad de la raza.

Muchas veces las mujeres no tienen libertad, muchas veces el respeto es una hipócrita manera de sujetarlas e impedirles que se expresen.

Como vamos a consentir que ellas se expresen, si toda nuestra vida tiende a paralizarse en una máscara que oculte nuestra identidad?

Narcisismo y masoquismo  no son tendencias exclusivas del mexicano.

El mexicano usa máscaras para proteger su intimidad, no le interesa la ajena y por lo tanto, el círculo de la soledad se vuelve a cerrar. La manera instintiva en la que considera peligroso a todo lo que representa lo exterior, tiene su razón si revisamos la historia de México, donde las derrotas se sufren con dignidad.








No hay comentarios.:

Publicar un comentario